En materia de ordenamiento disciplinario, el béisbol es el único deporte, donde los inventos en la mayoría de los casos, por no decir en todos, llevan al fracaso. Siempre he dicho y en decenas de ocasiones lo he dejado plasmado en blanco y negro, de que no creo en la suerte para definir el presente y futuro de un equipo. Eso se lo dejo a Walter Mercado o Cristian Casablanca.
Con relación a los Tigres del Licey, antes de concluir la serie regular lo escribí en dos ocasiones, de que con Dave Jauss de mánager, el Licey no llegaría a la ronda final y cuando lo escribí, sustenté mi punto de vista en que este señor como dirigente estaba desfasado, sobre todo para dirigir un equipo preñado de jugadores con categoría de estrellas. Y la mejor prueba de mi planteamiento fue que el propio Jauss pidió el licenciamiento de Eric Byrnes y Jake Fox, jugadores que hoy el Licey necesita, sobre todo Fox, ante la lesión de Willy Aybar y el bajo rendimiento de Ron Belliard.
Es muy simple, por muy buen estratega que usted sea, usted necesita talento, sin talento no gana nadie.
A través de los años siempre he mantenido que el mejor jinete del mundo no gana la carrera con un caballo que está cojo. Es una combinación, un buen mánager con buen talento, producen un equipo ganador. Un buen dirigente no sólo ha de ejecutar y ganar con estrategia, pero tiene que ser un líder, un hombre en el cual sus jugadores tengan confianza.
Es oportuno que el coach de bateo Israel Alcántara, se cierre un par de horas con los jugadores que están arrastrando el bate y analicen con vídeos donde están los malos hábitos que han provocado el slump. Recuerdo que Monchín Pichardo cuando el slump como virus maldito carcomía la ofensiva azul mandaba a buscar a Miami para ese trabajito a Leo Posada.
Y ni hablar de cómo se manejó el pitcheo. Jauss no tenía un patrón de trabajo definido, todo era una anarquía. Y si usted lo duda, revise los box scores para comprobar como sobre utilizó de manera indiscriminada (7 y 8 pitchers por juegos) y hoy vemos los nefastos resultados como algunos serpentineros están con el brazo que no se pueden peinar. Ricardo Aponte, quien era el coach de pitcheo, también tiene una cuota de culpa, ya que no pudo definir el rol de los abridores y los relevistas intermedios. En el caso de Daniel Cabrera señalado para lanzar hoy, no es la mejor decisión para un equipo que no se puede dar el lujo de perder. Los Toros tienen un núcleo de jugadores que obliga al pitcher contrario a llegar al conteo profundo y el lanzador azul no es un dechado de virtud en materia de control.
Decía Bill Veeck que "el béisbol es casi la única cosa ordenada en un mundo muy desordenado. Si tienes tres strikes, ni siquiera el mejor abogado puede sacarte de este lío".
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De Bienvenido Rojas